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miércoles, 13 de octubre de 2010

Un grande que se nos va



Fallece Juan Carlos Arteche


El ex futbolista Juan Carlos Arteche, cuatro veces internacional y que militó en el Racing de Santander y en el Atlético de Madrid, ha fallecido esta madrugada en Madrid tras una larga enfermedad a la edad de 53 años.

Arteche, nacido en la localidad cántabra de Maliaño, debutó en Primera División en 1975 en las filas del equipo de su tierra, el Racing. Tuvo como compañeros de quinta a los también formados en las categorías inferiores cántabras Marcos Alonso y Quique Setién, con quienes también coincidió en el Atlético de Madrid. En 1978 fue traspasado al equipo colchonero, donde alcanzó la internacionalidad y ganó dos título: la Copa del Rey de 1985 y la Supercopa de España del mismo año.

Tras disputar más de 350 partidos en Primera, en los que anotó 20 goles, una disputa con el entonces presidente del Atlético, Jesús Gil y Gil, le llevó a verse apartado del equipo, lo que le obligó a retirarse prematuramente en 1989, a los 32 años de edad. A causa de su marginación en el Atlético de Madrid, interpuso junto a tres compañeros una demanda contra Gil por despido improcedente. Aunque la ganaron, no volvieron a vestir de rojiblanco. Como ex futbolista, siguió vinculado al mundo del deporte como comentarista de radio y televisión.



ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
©2000 by parawallo

jueves, 7 de octubre de 2010

Un relato con sentimiento




Relato del presidente de la junta de andalucía publicado en AS

Eramos dos hermanos. En realidad éramos cuatro, pero mis hermanas no iban al fútbol. Lo hacíamos nosotros dos con nuestro padre. El fútbol nos evadía de aquellas semanas que empezaban el lunes y que no terminaban hasta el sábado ya bien vencida la tarde. Vivíamos entonces en esa certidumbre que convierte el futuro en una historia ya contada. Era como si los merecimientos estuvieran muy por encima de lo recibido, como si la vida se hubiera olvidado de las oportunidades. Sólo los veranos conseguían acercarnos un poco a lo imprevisible, a lo que encerrábamos en nuestros sueños. Pero los domingos de aquellos inviernos interminables había fútbol. Y eso cambiaba las cosas aunque fuera sólo por unas horas.

Aquel día mi padre lió dos cigarrillos más de los que cabían en la petaca. No fue un cálculo equivocado ni una distracción. Durante unos instantes los dos pitillos quedaron sobre la página del periódico entre los restos de la picadura. Luego encendió uno y se metió el otro en el bolsillo superior de la chaqueta. "Éste, dijo, para celebrar el primer gol de Enriquito Collar". Cuando pronunció la palabra gol le salió de la boca un torrente de humo como si con él hubiera querido empujar el balón hasta el fondo de la red. Jugábamos contra el Madrid de Di Stéfano. Mi madre se lo debió imaginar al ver que habíamos comido atropelladamente. Así que, mientras nos metía los bocadillos en el bolsillo del abrigo, mirando con sorna a mi padre, apostilló: "Ese Gento es mejor que Collar, ¿verdad?" Mi hermano y yo abucheamos sus palabras mientras nos poníamos el abrigo, los guantes de lana y el pasamontañas.

Era febrero y hacía ese frío intransigente del Madrid de los años cincuenta. La glorieta, en las primeras horas de la tarde del domingo, parecía abandonada; como si la gente hubiera querido cerrar los ojos ante la inminencia del lunes. Su quietud sólo se rompía, de vez en cuando, por algunas parejas que, andando con la lentitud de quienes saben que el destino no se mueve, iban al cine de La Flor. Al bajar las escaleras del metro, dirección Cuatro Caminos, solo se oyeron nuestros propios pasos, mucho más acelerados que los días de colegio, y los nombres, cantados a dúo, de la alineación de aquel Atleti: desde Pazos, en la portería, a Collar, en el extremo izquierdo.

El Metropolitano era un campo casi subterráneo cavado en un desmonte. Nosotros, que éramos socios sin asiento, íbamos a la zona del Gol Sur donde la parte más alta de las gradas estaba ras por ras con la calle de atrás del estadio. Éramos los aficionados más constantes y nos concentrábamos en ese recinto que iba bajando desde ahí hasta dar en un ligero terraplén que venía a separar nuestra zona de la de los abonados que veían sentados el partido. Mi padre, al igual que hacían sus amigos con sus hijos, nos pasaba la valla para poder sentarnos delante de ella, en el desmonte, y ponernos así a resguardo de las avalanchas que solían producirse. En ese espacio fronterizo nos reuníamos un puñado de niños. Nos sentábamos en el suelo, sobre un pañuelo que llevábamos con solo ese propósito y hacíamos grupo según las afinidades que se habían ido delatando partido a partido. Los distintos jugadores rojiblancos eran los que servían para forjar amistades entre nosostros. Pero todos nos uníamos en la intransigencia con lo que sentíamos como más irreconciliable con nuestros sentimientos. Y eso para todos nosotros era el Madrid. El que, precisamente, se medía a nuestro Atleti en esa fría tarde de febrero.

No sé qué fue lo que me hizo ponerme de pie a los pocos minutos de empezado el partido. Fue una escapada de Collar que desbordó a su marcador por la banda. Probablemente me acordé del cigarro que mi padre había guardado en el bolsillo. El caso es que, tras el centro del extremo, el balón rebotó en Marquitos y quedó a los pies de Molina que, sin pensárselo dos veces, lanzó un cañonazo que entró, por alto, en la portería del Madrid. Casi al instante estábamos todos dando saltos de alegría y gritos de júbilo, mientras los que teníamos a nuestras espaldas trataban de resistir la avalancha que inexorablemente provocaba cada gol del Atleti. Cuando nos volvimos a sentar, mi amigo Juan, del que mi madre solía comentar que era un jaimito, dijo frotándose las manos: "Vaya golazo de Paco". Nunca le había oído a nadie llamar Paco a Molina. Así que le corregí: "No ha sido Paco; ha sido Molina, el número 8, ¿no lo ves?". "Pues eso, me contestó: Paco. Paco Molina". Me sorprendió esa intimidad de Juan con el interior derecho rojiblanco. "¿Y por qué sabes tú que se llama Paco?", le pregunté con cierto malhumor. "Porque mi abuelo era amigo de su padre". Me pareció el colmo de los embustes: "Vete ya! Si Molina es chileno y tus abuelos son catalanes". "No es así. Molina es español y sus padres y abuelos también. Pa que te enteres, listo". "Te lo has inventado", dije para zanjar la discusión. Me iba a contestar cuando una internada de Miguel estuvo a punto de terminar en el segundo gol. Ahí quedó la cosa.

El partido terminó con el único gol de Molina y la victoria del Atleti sobre el Madrid. A pesar de que hacía mucho frío no quisimos hacer cola para coger la camioneta que llevaba a Quevedo. Preferimos andar hasta el metro de Cuatro Caminos. Entonces no se jaleaban las victorias como ahora. Al acabar el encuentro volvía a hacerse presente la inminencia del lunes y los movimientos se hacían más lentos y las formas más grises, como si se estuviera ensayando el mundo inerte de los días laborables.

El bulevar de Reina Victoria había sido bautizado como La Senda de los Elefantes porque, al término de los partidos, lo recorríamos los aficionados del Atleti dando trompadas. Aquella fue, en cambio, una tarde distinta y el tono oscuro de los abrigos se veía más alegre con las risotadas de los aficionados. Todos tratábamos de prolongar una victoria que sería pronto un recuerdo. En varios balcones se podía ver un movimiento de visillos y por la acera central mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí de la mano y juntos comentábamos las jugadas más emocionantes. Las recreábamos convirtiendo a sus protagonistas en héroes. Le pregunté a mi padre por el pitillo que se había guardado en el bolsillo y, como me esperaba, se lo había fumado. "Pero el gol, le dije, no fue de Collar sino de Molina". "Bueno, contestó, pero la jugada fue de Enriquito. Y tápate la boca". No le hice caso y volví a tirar hacia abajo del pasamontañas: "Papá, ¿a que Molina es chileno?". Mi padre se me quedó mirando un buen rato sin saber qué contestar. Se demoró meditando la respuesta y al final concluyó: "Es verdad que ha jugado con la selección nacional de Chile, pero es español". "¿Y cómo es eso?", volví a preguntar. "Comiendo", dijo mi padre. Ni una palabra más.

Quise hacer un nuevo intento en el metro pero el ruido me impidió hacerme entender. Además iba tanta gente en el vagón que mi padre no podía agacharse para hablarme. Así que di por zanjada la cuestión. Sólo volví a ello en otros partidos en los que, al salir a colación el nombre de Molina, yo, para dármelas de entendido, solía llamarlo por su nombre de Paco.

Al poco de aquella victoria sobre el Madrid, creo que fue en la temporada siguiente, Molina regresó a Chile y yo sentí una inexplicable sensación de pérdida, como si me hubiera dejado un amigo. Su generosidad en el terreno de juego, su forma de hacer todo fácil lo hacían, es verdad, poco visible. Pero el Atleti, sin él, parecía distinto, un poco más distante. Sólo pude recuperar ese ritmo categórico de las alineaciones aprendidas de memoria cuando Adelardo se hizo dueño del 8 que dejó Molina. Pero, todavía hoy, suelo recordar a aquel interior derecho que fue siempre oscurecido por la fama de otros delanteros; a aquel Paco Molina que, con sólo nueve años, esto lo supe mucho más tarde, se vio en la necesidad de embarcar en Francia, a bordo del Winnipeg, donde su familia pudo huir de la saña del fascismo. Desde entonces y hasta muchos años después Madrid fue, como dijo Dámaso Alonso, una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). Sólo mi Atleti, los veranos en la sierra y el cine de programa doble me permitían soñar con los imposibles que luego llegaron.


ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!©2000 by parawallo

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Copa del Rey



Dieciseisavos de la Copa del Rey:
Universidad de Las Palmas - Atlético de Madrid

ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
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Sobre Ujfalusi, Messi y el juego limpio






ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
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viernes, 17 de septiembre de 2010

Sí, perdimos; ¿y qué?

Ayer sólo se perdió un partido.

Sigo pensando que la sensación es distinta a la que había hace un año incluso en las derrotas. ¿Resultado justo?, en mi opinión sí, pero es cierto que el gol lo metieron en el mejor momento de juego del Atlético, moviendo bien el balón y con internadas muy peligrosas. Tampoco vamos a ganar todo, hay que ser consciente de ello; y yo, si me dan a elegir, prefiero perder el partido de ayer y ganar los dos próximos; además, nadie ha ganado en el campo del Aris en competición europea.

Para mi todo sigue igual…, y esta frase también tenía un sentido distinto hace un año, porque todo mi ánimo y mi ilusión sigue igual de alto que el domingo pasado.

EPÍLOGO:
Sigo confiando plenamente en Quique, hay que dejarle hacer, el tiempo le dará la razón… Fe ciega se llama…



ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
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lunes, 13 de septiembre de 2010

¿Un sueño?

El vigente campeón de UEFA League, Supercopa de Europa y actual líder de primera recibirá el próximo domingo a las 19:00 al Barça en el Viciente Calderón.

Esta frase maravillosa bien podría ser un sueño hace menos de un año, pero no, es realidad.

Seguimos disfrutando de una realidad de ensueño con nuestro Atlético de Madrid viéndolo al menos 21 días líder de primera…

¡¡¡ NO QUIERO DESPERTAR !!!

EPÍLOGO:
La posible lesión de Kun Agüero ha quedado en un susto del que aún me estoy recuperando y, esperemos, en una semana sin competir. Deseo que llegue al partido del Barça por el bien del Atlético y del espectáculo.
Caparrós siempre ha sido el antifútbol y Gurpegui, para mí, se ha convertido en el nuevo Miguel Salgado (más conocido como Quique de la serie Farmacia de Guardia).



ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
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martes, 31 de agosto de 2010

¡¡¡VA POR ELLOS!!!




Justo un año y medio después de mi último post me veo capaz de escribir algo aquí...

Durante los últimos tiempos (años) muchos disgustos (unos deportivos y alguno extradeportivo) han ido minando mi ilusión por escribir en este blog...

La convulsión que ha sufrido en los últimos poco más de cien días el fútbol europeo por culpa del Atlético de Madrid ha puesto patas arriba a todo el mundo (que se pellizca y frota los ojos para ver si es verdad o un espejismo), ha puesto por las nubes la ilusión de una afición (que necesita muy poquito para sonreir de oreja a oreja) y ha puesto en mi ganas para volver a escribir.

Anoche el Vicente Calderón fue el campo irreconocible que todos recordábamos de aquella niñez y adolescencia en la que todos querían tener una camiseta del Atlético. Había muchos niños (como apuntaba el señor Cardona), muchísimos niños que vibraban con SUS jugadores y que cantaban esas canciones que vuelven a sonar a algo más que a un tiempo pasado que fue mejor, que hablan de un presente pletórico. Niños, como el que tenía delante, que saltaba con cada jugada atlética. Niños que bajaban las escaleras tras el partido con una alegría que sólo un atlético puede entender. Niños que jugaban sonrientes en la calle luciendo orgullosos sus camisetas de Forlán, Kun o Reyes. Niños en los que veía alquel niño que fuí y que este Atlético, el de ayer, el de siempre, el que nunca tenía que haber desaparecido, el de tardes de gloria, el de noches de finales y títulos, al que todos temían; en definitiva y como decía, aquel niño que fui y que este Atlético campeón ha conseguido que vuelva a serlo; con aquella misma alegría y aquella misma ilusión.

Suena lejanísimo aquel octubre de 2009 en el que Quique Sánchez Flores llegó al club. Un club desauciado, sin rumbo, sin aspiraciones, sin ilusión... Suena lejanísimo y es sólo hace diez meses. Diez meses que Quique se ha encargado que parezcan diez años, pero son diez meses. Diez meses en los que Quique ha conseguido algo que parecía completamente imposible; y no me refiero a los títulos, me refiero a devolver a cada miembro de la plantilla que cogió en la basura una mentalidad ganadora; y devolver a cada miembro de la afición una ilusión perdida. No nos olvidemos, para mi Quique es el máximo y principal culpable de todo ésto y, como decía el señor Catalina y comparto: 'En Inglaterra ya le hubiesen hecho un contrato de por vida'.

Ganamos la final de la UEFA League al Fulham con el mismo equipo que ayer justo hizo un año debutó en liga perdiendo 3 a 0 contra el Málaga. Y con ese mismo equipo (salvo Tiago que no podía jugar la UEFA League) llegamos a la final de la Copa del Rey. Y con ese mismo equipo (sólo introduciendo a Godín) ganamos la Supercopa de Europa pasando por encima del intratable Inter. Y con éste último equipo empezamos ayer ganando 4 a 0 al Sporting colocándonos en lo más alto de la clasificación de la Liga.

No hace demasiado se oía 'quita ya a éste o quita ya a aquel', pero mirabas al banquillo y contestabas '¿y a quién sacas..., a fulanito o a menganito?' Y es que el equipo titular era el único posible, es más, eran seis o siete tiutlares (siendo muy generoso) y algún que otro pegote, jubilado del mundo, eterna promesa de 28 años, caradura con suerte o comisión con nombre y apellidos... Ahora miras al equipo titular y realmente es titular y miras al banquillo y ves a jugadores que lo podrían ser perfectamente..., ves algo...; ves canteranos que sienten esta camiseta, que están empapados de sentimiento Atlético. Y los ves en el banquillo y también en el campo, como Domínguez (ayer descansó pero es indiscutible) y De Gea (con el que ves que llega el contrario y casi ni te pones nervioso porque es un PORTERAZO con mayúsculas)... Lo comentaba el señor Cardona (again): '¿cuándo van a hacer una ficha en condiciones a De Gea y a Domínguez?', y yo apostillaba '¿y a ponerles una cláusula de 85 millones?', y Cardona asentía, porque entre los dos no suman la edad de él o mia y tienen el don de los más grandes.

Muy a mi pesar Jurado ha dejado el club con una oferta salarial mareante, es lógico; soy consciente que no va a venir nadie a sustituirlo y que el dinero irá donde siempre, pero esta temporada es menos doloroso que en otras que ha sucedido lo mismo (la pasada sin ir más lejos) porque veo otra actitud, veo otra aptitud y, sobre todo, tengo ilusión...

El futuro es incierto, eso es innegable, pero a diferencia de las últimas temporadas ya no es desesperante, es ilusionante y, ésto, aunque no es nuevo, sí es una sensación que tenía olvidada.

Ilusión:
2ª acepción - Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.
3ª acepción - Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc... (Léase Atlético de Madrid).

EPÍLOGO:
Y acaba el partido y vuelvo de nuevo a mirar al banquillo, y vuelvo a ver a Quique, y le vuelvo a ver feliz, y vuelvo a ser feliz, y aplaude, y le aplaudo, y dice 'vamos', y digo 'vamos', y mira al cielo y piensa algo, y miro al cielo y pienso 'Somos campeones de la UEFA League. Somos subcampeones de la Copa del Rey. Somos campeones de la Supercopa de Europa. Y, al menos durante catorce días, somos líderes de la Liga'. Y miro al cielo y pienso 'No sé dónde están las personas que jamás volveré a ver pero sí sé dónde está su energía'. Esta entrada va por ellos.


Muchísima salud...!!!

ESTAMOS LOCOOOOOS…!!!
©2000 by parawallo